Por qué estudiar la Historia Pepiniana

Porque este pueblo-etnia nos ha transmitido un legado cultural: la pepinianidad

Cuando el estudioso de la historia analiza los hechos ocurridos en el pasado, se obliga a considerarlos según sus propios valores, que son los valores del tiempo y el lugar donde esos hechos ocurrieron. Al proceder con este criterio de autenticidad, el historiador le confiere a esas experiencias una significación propia y un valor duradero, único e irrepetible dentro del desarrollo humano general.

Todo lo que la gente de nuestro pueblo, pioneros, ricos y trabajadores,  han experimentado y obtenido dentro y fuera   de esta  geografía, todas sus creencias, sus valores,  sus símbolos, sus costumbres y tradiciones, su manera de enfrentar el fracaso y disfrutar el logro, han producido una manera peculiar de vivir, de pensar, de sentir, de ver y percibir las cosas.  Esa manera de vivir y ser de los pepinianos la conocemos como la pepinianidad.  Esta no es una manera de vida importada,  traída de otro lado y  aprendida intencionalmente.  Es el producto del vivir cotidiano de los pepinianos en este ambiente social y geográfico por cerca de 300 años.  La pepinianidad se adquiere, en mayor o menor grado,  por estar en contacto o inmerso en ese ambiente, con su gente y con su imaginario cultural.

Esa es nuestra peculiaridad no imitable.  No es otra cosa que nuestra manera de ser puertorriqueños pero con sabor pepiniano.  Es la piragua puertorriqueña con uno de los 78 sabores que tiene la puertorriqueñidad: el sabor a caña de El Pepino.  Este acervo cultural es el legado que hemos recibido de los que forjaron nuestro pasado, es el legado que queremos seguir cultivando y el mismo legado que queremos que nuestra gente de El Pepino, nuestros hijos, reciban para perpetuarlo.

Por esa vía del disfrute de la pepinianidad,  las experiencias individuales y los actos nacidos de la intimidad más recóndita, se convierten en testimonios que no mueren, en huellas humanas que no envejecen ni pierden valor por el paso del tiempo.

Porque necesitamos conocer los valores que le dieron origen a El Pepino para mantenernos vigente

Los valores son aquellas cosas en las que creemos y que le damos una estima y valor porque ayudan a edificar nuestro carácter como individuos y construyen colectivamente, de forma sólida,  a nuestro pueblo.  Diríamos que los valores son la infraestructura del edificio social que se llama San Sebastián del Pepino.  En una sociedad en la que los antivalores van tomando preponderancia, El Pepino no puede darse el lujo de perder los valores trascendentes que le dieron origen y formación.  Perderlos es entrar en un proceso de degeneración y desintegración.

Entre los valores que hay que retener, vivir y transmitir a las nuevas generaciones están: el valor de la vida individual y de la vida colectiva, el valor de la fe en el Ser Supremo,  el valor de la familia tradicional, el valor del patriotismo, el valor de la honestidad, el valor de la legitimidad moral, el valor de la educación, el valor del trabajo y el valor del uso adecuado de la tierra.  Estos valores son la sal que detiene la corrupción en el individuo y en la sociedad.

Porque  conocer nuestra historia nos hace un pueblo con  estima propia

El desconocimiento de la historia personal y de la historia patria es el desconocimiento de nosotros como individuos y como pueblo.  ¿De qué vamos a estar orgullosos?  De lo que somos y hemos recibido por virtud de haber nacido y habernos criado en un ambiente cultural y con una gente dada.  En esos años de la niñez y de la juventud somos saturados e impregnados con la manera de vivir y de ser de nuestro medio ambiente cultural. Por eso es casi imposible poder desprendernos de la manera de criarnos con respecto a nuestra familia y a nuestro pueblo. Como Pedro Coquí, podemos comportarnos de acuerdo al país en donde estemos durante el día.  Pero es inevitable que nos pongamos a cantar “coquí” en la noche.

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