Historia religiosa según Andrés Méndez liciaga
Cuando Andrés Méndez Liciaga (1877-1943) se propuso hacer la historia de Pepino –la mejor y más completa que se ha hecho hasta hoy– hizo lo que un historiador entrenado haría; se sumergió en las fuentes escritas. Así lo hizo constar al principio de su obra, Boceto histórico del Pepino (1925): «¡Con cuanto afán hemos removido centenares de expedientes en busca de informes relacionados con la primitiva iglesia de la aldea! Con cuanto entusiasmo se entregó nuestro espíritu a la búsqueda del pergamino que nos contara algo, que algo nos dijera del primer oratorio que construyó la fe de nuestros abuelos…! Vano fue nuestro empeño; los viejos infolios nada nos decían…»
Lo que mas ilusionaba a Méndez Liciaga en su envidiable búsqueda en cientos de expedientes en el archivo municipal, era encontrar alguna alusión a la primera iglesia –o como ella lima el primer oratorio. A falta de ese documento, «se acogió entonces a la leyenda en donde los pueblos cantan sus efemérides y sobre la que pasan los siglos sin apagar sus caracteres … La Tradición». Recurrió a los recuerdos de un anciano de más de 95 años y que podía contar lo que había oído de los mayores.
El hecho de que Méndez Liciaga escribiera “tradición” en letra mayúscula es muy revelador. Con ella se refiere no sólo a los datos iniciales de la presencia de la iglesia en la vida del pueblo desde sus mismos inicios. Con los datos establece el enlace más estrecho entre iglesia y tradición; con ellos quedan ligados pueblo e iglesia en una unidad indisoluble. El objetivo era comunicar su idea de que la iglesia es parte esencial de la tradición y la cultura puertorriqueña. Del relato del anciano entrevistado surgió que la primera capilla fue un ranchón largo de, madera. El techo era, en un principio, de tejamanil (tabla delgada); luego se construyó de teja de barro. No había atrio; la capilla estaba rodeada de una cerca de palos para amarrar los caballos y evitar que, otros animales se acercaran. La iglesia estaba rodeada de un pastizal entrecortado por vereditas. Había una campana.
La muy sentida necesidad de enlazar los orígenes del pueblo y la fe queda al descubierto cuando Méndez Liciaga trata la fundación de Lares (que hasta ese momento había sido territorio de Pepino). Aunque no se proponía hacer también historia de Lares, era imposible pasar por alto la mención de la iglesia, y para eso compuso una copla:
y en el centro de la loma
levantó su expedición
su modesto eremitorio
de cristiana devoción.