Poeta te llamo yo
en el umbral de la noche
San Sebastián late en tu sangre, tu país te reclama más allá
de un vaso de ron …..
Tu silencio es como una gaviota interminable sobre el alba y el fuego.
Ciertamente, como afirman los versos citados, se silenció el poeta. César Gilberto Torres Rodríguez nos dejó para siempre y debe estar escribiendo versos celestiales en el más allá con su enterna musa.
Nació César en el 1912, hijo de don Segismundo Torres A vilés y doña Pilar Rodríguez Hemández. Transcurre su niñez en San Sebastián. Muy joven se fue a Nueva York y allá fundó La Sociedad Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos, una institución de gran renombre y aporte cultural.
Fué poeta toda su vida y fue una vida larga. Creemos que no hay tema que no forme parte de su obra poética. En ella encontramos el amor en todos sus matices, la patria sentida, la flora, las injusticias, Dios, … En el ocaso de su vida la Revista Maguey –año 1 núm. 5, julio-agosto 1992–, publicó un reportaje sobre nuestro escritor y fue para nosotros y para él, un agradable y emotivo encuentro. Tuvimos el privilegio del regalo de su última poesía en aquellos momentos. Después de eso, su vida fue languideciendo hasta apagarse la musa. Reproducimos para ustedes ese postrer legado.
Deja a esos negros quietos
Deja a esos negros quietos,
Oye tú, guapo de barrio.
No vienen de la selva Abisinia,
ni vienen de macondos africanos.
Muchos saben siete idiomas
y otros tienen bachilleratos;
unos pintan en higüeras
muchos ángeles y santos,
unos tocan violines,
otros sinfonías de mano.
y otros son médicos
y curan la diabetes con dulzura
cuando dan al paciente un fino trato.
Estos negros no tocan maracas
ni tocan güiros cuando están borrachos,
y hacen de tripas corazones
por no herir con su voz al vecindario,
y dicen cosas lindas como éstas:
que dios le puso un corazón
al hombre igual que un árbol
que da a la humanidad su pan
de fruta y ramas para el nido de los pájaros.
Estos negros usan televisores
y aires acondicionados.
y si van a matar usan la ciencia, los rayos nucleares
como hicieron los blancos los blanquitos salvajes
con Pedro Albizu Campos.
Su obra publicada se compone de Amores entre páginas (1932); Abanico de fuego (1944); Aroma de limón. (1947); Resolana (antología) 1970; Guanín (1981) y el último, Pasión del alma (1989). Publicar un libro es una tarea muy ardua y costosa y conlleva sacrificios económicos que muchas veces no se recuperan. Y César, a pesar de los obstáculos, publicó cinco libros que quedan para la posteridad. Esa es su herencia para nuestro pueblo.
Su poesía nos revela un hombre de espíritu, sensibilidad que tenía sus raíces bien afincadas a la patria, que destaca la figura femenina emotiva y sensualmente, que enaltece los valores patrios y que valoraba profundamente la presencia divina. Fue un ser humano que expuso abiertamente sus sentimientos, a veces con suave lirismo y otras con palabras duras que causan impacto en el lector.
Hacemos un recorrido por las páginas de su último libro: Pasión del Alma (1989). Comienza con una poesía en la que refleja su admiración por nuestras noches, “Noche Azul,” y cómo éstas le acercan a Dios. Le sigue Remembranzas en la que, al parecer recuerda un episodio amoroso que fue muy importante en su vida. Es un poema extenso que narra toda una historia romántica.
iSetenta y cinco años! recoge los sentimientos del poeta al cumplir esta edad. Se nos presenta nostálgico:
Setenta y cinco años,
todo en mí se hizo música, la música del alma de los cielos amados. ¿Dónde está el sembrador de la esperanza?
¿Dónde está el forjador del entusiasmo?
Si todavía tengo quien me ore en silencio,
si todavía tengo quien me extienda su mano;
mi vida es como un cielo, yo merezco ese cielo
mi vida es como un cielo, yo merezco ese cielo
si un eco de conga en mi mundo romántico.
Y creemos que sí, que él se merecía ese cielo y ya debe haber recibido su recompensa. En el poemario también encontramos una dedicada a Benito Fred, lamentando la muerte del insigne músico pepiniano:
Lloró el lucero del alba encima una rosa fría
y los gallos no cantaron porque Benito se iba …
En “Los hijos de los pobres” expresa con indignación las injusticias que vivieron muchos puertorriqueños:
Muchos años atrás, los atropellos
del rico con los pobres era afrenta del sistema social,
la clase rica se burlaba del pobre en su miseria.
“Judas y Lázaro” es un poema de corte bíblico que nos refleja una visión personal de estos dos personajes.
Parte de los poemas aluden a hechos de San Sebastián y otros pueblos. Dedica uno a recordar a la Srta. Alicia Franco:
Nunca se olvida el recuerdo de la que fue Alicia Franco.
cuando internada en el templo estaba limpiando el cuadro
de Jesús y el Cristo vino
a caer entre sus brazos creyendo que era María
pero era Alicia Franco.
Otra poesía, muy extensa, describe el derrumbe trágico de Mameyes:
¡Mameyes en el piso! Las rocas que salían
no eran ramas de flores que lanzó la montaña. El lodo que a torrentes brotaba de las fauces
de ese monstruo de piedra salpicaba las caras de aquella gente pobre que a nadie le hizo nada.
Y así podríamos seguir comentando las poesías de César, sus sentires, pesares, protestas, amores, nostalgias, elogios. Sus vivencias están plasmadas en sus palabras. Es el poeta que desnuda su alma y se da a nosotros a través de sus versos.
Ya César no está con nosotros. No lo veremos caminando por las calles del pueblo con su mirada triste, su media sonrisa y su lento caminar. Se fue… y no podemos decir que pisó este mundo sin penas ni glorias. Quizás fueron más las penas, pero supo que reconocimos su aportación literaria y la valoramos. Deja César, mucho más que muchos de nosotros que vivimos, a veces pomposamente, creyéndonos grandes, mirando a otros por encima del hombro. Deja sus sentimientos y su alma impresos en los libros publicados. Muchos moriremos y no quedarán huellas que delaten que estuvimos aquí. Las huellas de César quedaron para la historia de Pepino y de Puerto Rico y es nuestro deber moral dar a conocer su legado a nuestros descendientes.
Poeta Nació el 31 de diciembre de 1912 en San Sebastian de las Vegas del Pepino. Su padre: Segismundo Torres Avilés; su madre: Pilar Rodríguez Hernández. Formalmente sólo estudió hasta el octavo grado. En la década de 1930 organizó la primera Junta Nacionalista de Pepino, conociendo a Pedro Albizu Campos.
Emigró hacia los Estados Unidos. En 1932 publicó sus primeros versos en San Sebastián: Flores entre Paginas. Vivió en Harlem, New York en 1935. Fue Presidente, Vicepresidente y Secretario de diferentes directivas de la Junta Nacionalista Puertorriqueña en esa ciudad en 1939. Recibió una sentencia suspendida por hacerle frente al cuerpo de detectives neoyorquinos al estos allanar el local de la Junta Nacionalista en Brooklyn. En 1944 publica Abanico de Fuego. Ese año fue encarcelado por negarse a ingresar al ejercito estadounidense, invasor de su patria. Fue ingresado en la prisión de Lewisburg, Pennsylvania y en la de Danbury, Connecticut, por tres años.
En 1947 publicó Aromas de Limón. Fundó en Brooklyn la Casa San Sebastian y en Manhattan, el Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos (CEPI), junto a su compueblano, el poeta Juan Avilés Medina. En 1970 publicó una antología de su obra: Resolana. Padre de Nelia, Yolanda, Maribel y Gilbert, Hermano del Monseñor Jose I. Torres Rodríguez y tío del Capitán de la Policía, Angel David González. La muerte lo sorprendió escribiendo sus Memorias. Murió en mayo de 1994.
Entre sus obras encontramos: Flores Entre Páginas, poemario, 1936; Abanico de Fuego, poemario, 1944; Aromas de Limón, poemario, 1947; Resolana, antología, 1970; Guanín, poemario, 1978 y Pasión del Alma, poemario, 1989.
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