El Cementerio de los Coléricos y el Cementerio Viejo del Pepino

Cementerio de los Coléricos

Levantado en el 1835, aquí se enterraban aquellos ciudadanos que morían del contagioso cólera morbo. Por lo contagioso de la enfermedad los muertos coléricos eran enterrados lejos de la población urbana. Pasada la epidemia, el que conocemos como el antiguo cementerio vino a ser, para 1863, una extensión del cementerio de los coléricos. Aquí se da cuenta de un solo cementerio para coléricos pero en otros pueblos de Puerto Rico como es el caso de San Germán, se levantaron cementerios en todos los barrios. El cólera es una infección aguda del intestino delgado producido por la bacteria vibrio cholerae. Se transmite a través de comida o agua contaminada con la bacteria. La enfermedad causa vómitos, diarrea, deshidratación rápida y calambres en las piernas y abdomen.

Ya desde 1832 había casos de cólera en Puerto Rico y para 1835 se produjeron los primeros casos de coléricos en San Sebastián. Por ser San Sebastián un pueblo del interior le favoreció. Los pueblos costeros fueron los menos favorecidos puesto que el cólera venía con la gente inmigrante que llegaba a Puerto Rico por las costas. Fue en el año de 1856 que el cólera se convirtió en una seria epidemia, la epidemia había diezmado la vida de cerca de 27 mil habitantes en toda la isla.

Antiguo Cementerio Del Pepino

De acuerdo a nuestras investigaciones, hemos encontrado muy poca información sobre el inicio del cementerio civil de pueblo de San Sebastián. El cronologista y poeta pepiniano Ramón Luis Cardé da cuenta de que para 1826 existía un cementerio en la población cercado de madera pero, aparentemente, su lugar de ubicación era inadecuado o se hizo obsoleto. Fue trasladado al casco urbano del pueblo en el 1826 bajo la administración del Sr. Nicolás Nogues. Esto ocurre en el momento en que han llegado inmigrantes vascos de la península y otros huyendo de las revoluciones de independencia de las colonias americanas. Se ha poblado El Pepino con gente de buenos recursos económicos. Con el apoyo económico de los inmigrantes venidos, se han trazado las calles y la plaza de recreo del pueblo bajo la administración del alcalde José Laxara. El Pepino ha dejado de ser una mera villa para convertirse en un pueblo adelantado y moderno.

Luego Don Andrés Méndez Liciaga nos informa en su boceto Histórico del Pepino que el actual cementerio civil fue construido para el año 1863 luego de la ley sanitaria de 1855 y de la terminación del cólera en el 1856. Estuvo a cargo de la obra. El rematista, Don Rafael Salguero. Tampoco Don Andrés nos suministra la fuente.

Este antiguo cementerio tiene en su centro una especie de capilla y cuartos para los aperos de trabajo del cementerio. De mi recuerdo, repaso en mi memoria la cantidad de panteones en su entrada a un lado y otro lado. Al fondo de la calle principal del cementerio está el panteón de los Oddfellows. La mayoría de aquellos panteones han sido echados al olvido. Este olvido por los seres queridos fallecidos es el producto de la secularización de nuestra sociedad. Calderón de la Barca dice que “los muertos se quedan solos” Pero la realidad es que el afecto entre los miembros de una generación es único. No hay el mismo afecto de la segunda hacia la primera y mucho menos de la tercera. Recuero con lucidez el panteón de los Mantilla y la tumba de Don Andrés Méndez Liciaga.

Un poco más adentro y hacia los muros del cementerio se encuentran enterrados los pobres, los trabajadores, los que ayudaron a levantar grandes capitales pero los más devotos a Dios y al trabajo. Allí está enterrado Don José Félix González González, mi abuelo paterno y natural de Lares, que murió a los 91 años de edad.

Una vez agotado el espacio para enterramientos por causa del aumento poblacional surge la necesidad de un nuevo cementerio.

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