Enfoque Heideggeriano a la Historia Oral del Pepino

Categorías: Historia.

En los relatos de doña Dolores Prat-Prat se pueden contejar las memorias de hechos previos aún más dramáticos, en particular, el acceso prácticamente nulo a las escuelas para la gente de color. Cuando su madre, la maestrita de Mirabales, intentó romper con la costumbre de recharzar el ingreso de pardos y negros en las escuelas (para que no se interrelacionaran clases «racialmente antagónicas») «Juan Orfila le salió al paso», «difamándola» y el padre de ella, «porque tenía los medios, creó entonces la primera escuela del barrio Cidral y pagó de su bolsillo para que ella enseñara, a todo el que quería aprender y tenía mollera, fuese blanco o negro», Arvelo Latorre). [15]

Doña Eulalia se convirtió en objeto de las críticas y las «burlas de los Orfila» (sic. Entrevista con Dolores Prat, loc. cit.)

Este es el por qué, en esta historiografía, reconstruyo, con esmerada continuidad, cuáles fueron las inquietudes y desvelos de Josefa Vélez, Eulalia Prat Vélez, Doña Luce (Lodze), Clementina Urrutia Carire y aquellas pioneras de la participación política en los comicios municipales: María Mayol, América L. de Rodríguez, electas asambleístas en 1932, Ramona Ramos de Pérez, electa asambleísta en 1936, Nilita Vientós Gastón, María Luisa Rodríguez Rabell, etc., tan activas en las décadas del ’30 y ’40. De las primeras mencionadas, habría que recordar —según datos de la tradición oral que les conociera— que D. Josefa Vélez Prat y Cadafalch (1795 -¿1866?) hablaba el francés y el catalán exquisitamente (A. Bstide); Clementina Urrutia, el inglés.

En algunas de estas mujeres, fue admirable el deseo de educarse esmeradamente para ocupar un rol decisivo e influyente en la sociedad: e.g., Nilita Vientós Gastón, primera mujer abogada puertorriqueña, y la Dra. Marcianita Echeandía Font y Feliú (1870-1954), la primera científica nacida en estos predios.

Con doña María L. Rodríguez Rabell, viuda del Juez Eduardo Negrón, conversaría sobre literatura, historia y política, con entusiasmo y fervor. Octogenaria, a la fecha que elaboraba mi investigación para este trabajo, Doña Bisa había leído autores tan interesantes como: José E. Rodó, J. Ingenieros, Alcides Arguedas, Alfonso Reyes, Germán Arciniegas, Ernesto Sábato y el boom de la novela latinoamericana. Conocía la novelística rusa, de Tolstoi a Dostoyevsky, y muchos autores del Sur estadounidense, porque la historia de la Guerra Civil, los episodios de los Carpetbaggers y la Era de Recontrucción del Sur, la fascinaban. Con la novela Lo Que el viento se llevó, se identificaría, por su instinto de clase, con la posición social y finura de las sureñas, ya que fue mujer culta y con visión aristocrática de su misión y destino en la vida.

Ante la relativa anonimia del pueblo chico, damas como Doña Bisa representaron lo que A. Gramsci designó como «una voz comunitaria tradicional», quien con su punto de vista promocionaría activamente su visibilidad y su expectativa de futuro. En su caso, aquella adorable mujer que conocimos y visitamos a menudo sería el símbolo viviente de la pequeña burguesía, católica, culta y tradicionalista, cuya herencia provino del conservadurismo peninsular de una clase próspera y que llegó a Pepino, por la vía de las migraciones venezolanas.

Durante la administración de Rafael Méndez Cabrero, de 1960-64, la señora Rodríguez Rabell ocupó el cargo de asambleísta municipal.

La importancia de contar con destrezas en comunicación escrita e idiomas extranjeros fue reconocida por Josefa Vélez y Clementina Urrutia. Ambas se vincularon con algún tipo de actividad política y cultural durante el siglo XIX. Fue curioso que Clementina, nacida en España, haya regresado a Pepino, por la vía de Nueva York, huyéndole a la influenza. Quiso morir aquí, como campesina. Irónicamente, Josefa también quiso morir en Mirabales, donde se acriollaron sus hermanos y fallecieron sus padres (Josep y Bernarda). Sin embargo, Josefa murió en México.

La vinculación de Urrutia Carire a cierto personaje de mayor visibilidad histórica, como Gerardo Forest (Velez) , hizo que su nombre pasara a la historiografía local. Lo mismo se indicaría sobre Josefa Vélez y sus vínculos con Gabriel Baldrich, Juan Prim y Juan Bautista Topete, padre. Sin referencias de ellos a su existencia, esta pepiniana se habría perdido entre las sombras y sería imposible identificarla como una hija del Caribe, con ambiciones de movilidad y avance para su condición de mujer. Lamentablemente, el mismo Bastide, que la admiró, enfatizaría, por halagar a su esposa, pariente de la misma, el pretexto de admirar su belleza y no el caudal de ideas e inquietudes, que serían su más profunda esencia y lo que más preocuparía a Josefa, al madurar y «cansarse de cometer disparates».

Eulalia Prat Vélez-Cadafalch (1830-1890) fue beneficiaria del estímulo que D. Josefa Velez originó en Mirabales y Cidral, por una visita realizada en 1841. Fue ella quien motivó que se crearía la escuela de primeras letras y de oficios, los talleres de costura y jarciería, y que ésto no se quedara en las meras promesas del hacendado Prat. Por la buena posición económica de esta familia en tal época, Eulalia y sus hermanas (Dominga y Leonora) aprendieron los rudimentos del francés, el catalán y, en el caso de Doña Eulalia, la pintura y el dibujo.

Hasta donde ha sido posible investigar, Eulalia Prat y Mercedes Elizaldi (nota del autor: abuela del pintor Francisco Rodón), fueron las primeras cultivadoras pepinianas de las artes plásticas. Ambas fueron vecinas. Desafortunadamente, si alguna obra se produjo entre estas damas, no sobrevivió. Una referencia en el libro de Bastide mencionó la afición de Eulalia a las artes y la lectura; pero, referencialmente, se trata de aficiones privadas.

En las mujeres de las familias Velez y Prat, Josefa y Eulalia, destacaron sus espíritus rebeldes, inconformes, perfilándose, intelectual y moralmente, adelantadas a su época y a la madurez de la consciencia histórica del periodo colonial.

Eulalia Prat-Velez acogió el principio emancipador de la esclavitud antes de producirse la y el Estatuto de Abolición. Su hermana Dominga Prat (1826-1867), casada ya con el médico Fermín Alicea G. y Britapaja, del barrio Furnias, y establecida en Barcelona (España), se aficionó a la lectura de los liberales radicales, republicanos españoles, y fue una admiradora de Emilio Castelar. El Dr. Alicea fue colaborador del sabio español Letamendi y del Instituto Pasteur, de Francia.

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Publicación autorizada por el Administrador del Portal. Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco. Creador de la tirilla Filito publicada durante quince años en el diario Nuevo Día y diarios de países de habla hispana en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Autor de doce libros entre los que se destacan Filito at Large, Filito el Libro, Diccionario Real de la Lengua, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV y Bendiciones Cristianas Vols I-II.

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