De navidades y fiestas patronales

Por Eliut González Vélez- Motivado y siguiendo el interesante y excelente relato de don Juan Avilés Medina sobre las fiestas patronales de la década del 1920 en El Pepino, me propongo traer a mi memoria y a la memoria de mis lectores algunos recuerdos significativos de las navidades y de las fiestas patronales durante las décadas de 1960 y 1970. Sería una gran contribución que otros pepinianos expusieran por escrito sus experiencias en relación a las navidades y a las fiestas patronales como registro para las futuras generaciones.

Inicio de Las Navidades en El Pepino

Las Navidades en el Pepino comenzaban después de la festividad norteamericana de Acción de Gracias y del Día del Árbol y se extendían hasta fines de enero. Creo que son las navidades más largas de municipio alguno de Puerto Rico. Ya para el mes de noviembre comenzaba sentirse “los nortes de los gandules” y “el murmullo de una brisa suave” del Trío Vegabajeño con “los aires frescos de las navidades”, “un año que viene y otro que se va” y la música navideña llenaba las ondas etéreas.

Los pepinianos siempre nos hemos destacado por ser un pueblo alegre, bebedor de espíritus destilados legales y clandestinos, un pueblo de músicos y asaltos navideños y de consecuentes parrandas acompañadas del cumplimiento de una promesa. La noche buena, despedida de año, año nuevo y la fiesta de los inocentes era como una especie de preparación, de embocadura, para las fiestas patronales que se avecinaban.

El regreso de la Diáspora

Los actores principales se completaban cuando los viajes al aeropuerto de Isla Verde aumentaban por causa del regreso de la diáspora pepiniana de Perth Amboy, de Nueva York y de otros lugares en Estados Unidos. Debemos recordar que Perth Amboy, en un momento llegó a tener muchos miles de pepinianos. El escritor pepiniano, Rubén Arcelay, llamó a Perth Amboy el barrio más remoto y más poblado del Pepino.

Los pepinianos ausentes aprovechaban para celebrar las navidades y las fiestas patronales de un solo golpe. Las navidades y las fiestas patronales era el encuentro de los pepinianos ausentes con sus pasadas amistades y con el entorno inolvidable del Pepino: el río Guatemala, Las Curvas de Hoyamala, el río Culebrinas, el Salto de Collazo y la Cascada de Robles, El Barandillo y otros significativos lugares. Asimismo ocurría en cada barrio. Los pepinianos de allá se unían con los de acá y disfrutábamos de la unidad pepiniana. Nos preparábamos para el encuentro de diez días en el centro cívico del Pepino: la plaza de recreo.

Descripción del entorno de la Plaza de Recreo

Aquella plaza de recreo estaba poblada por unos árboles frondosos cuyas raíces levantaban el piso de la misma. En su centro tenía una glorieta. Este era el parque improvisado para jugar pelota de goma con varios de mis amigos. En sus cuatro esquinas se levantaban unos pequeños puestos de refrigerios y otros artículos comestibles. Adornada con banquitos era un lugar a donde el pueblo acudía a relajarse por el día y a pasear por la noche. En esta plaza, para 1952, con motivo de los 200 años de la fundación del pueblo, el alcalde Arcadio Estrada enterró una cápsula que contenía documentación sobre el origen del pueblo y que sería rescatada luego de 75 años.

Frente a la plaza, hacia el este, se encontraba la iglesia Católica con su amplio atrio y la calle Severo Arana . Al lado derecho de la iglesia católica se encontraba la calle Luis Muñoz Rivera teníamos allí los Almacenes Vasconia, luego la casa de Doña Bisa, más adelante la tienda del señor Lugo, le seguía la Farmacia Central con Don Paco Rosado y la Esquina Famosa de Luis Aymat. Detrás del templete, en la calle Betances, teníamos el Hotel San Sebastián, la casa de los Gayá?, la Farmacia Rabell con Don Ciso y Magin, el David Crockett de Paco Marti; en la calle Padre Feliciano, que quedaba al lado izquierdo de la iglesia católica, teníamos el Teatro Mislán con Miguel, Quiterio y Los hermanos Ríos, la Cafetería Las Delicias, la Alcaldía, el templo Presbiteriano, le seguía una antigua casona pintada de verde y más abajo el Hotel Plaza.

En ese entorno recuerdo que hacían su negocio fotografía Juan Chiquito y Arsenio Ríos, Toño el Tuerto y Coqueto vendían chinas, Don Víctor y Esteban vendían piraguas, el hermano de Jorobo limpiaba zapatos al lado de la Farmacia Central, Tabaco y otros de mis amigos limpiaban zapatos frente a la Cafetería Las Delicias y los vendedores navideños como lo eran Moisés Vargas y su hijo Jesse y otros tantos.

Las machinas o juegos mecánicos

Sin machinas no hay fiestas patronales. Para principios del mes de enero veíamos desfilar por las calles del Pepino los grandes camiones que transportan “las machinas”. En el periodo que intenta cubrir mi relato contamos con los siguientes tipos de machinas: el gusano, la estrella, los caballitos (tiovivo o carousel), la silla voladora, etc. Muchos tuvimos la oportunidad de observar a los machineros armando y montando estos aparatos mecánicos. Nunca vi a ninguno de ellos portar un libro o papel con el protocolo de cómo era necesario armar para la seguridad de los participantes. Mi memoria no registra ningún accidente fatal. Todos los días los machineros probaban el funcionamiento de las machinas para hacer las reparaciones o ajustes necesarios y ofrecernos seguridad.

Origen de las machinas

Los famosos caballitos o carousel fue inventado por Charles ID Loff en el 1886 en Coney Island pero otros afirman que fue inventado en Europa para fines del siglo XIX y que para principios del siglo XX alcanzó la fama en Estados Unidos. La estrella fue inventada por George Ferris, en el 1883, para ser presentada en una feria de Chicago. La estrella o gran rueda ha sufrido innovaciones a través de las décadas. John A. Miller se le ha considerado como un inventor que produjo una serie de juegos mecánicos o machinas que han sido utilizadas en ferias y fiestas patronales. Hyla F. Maynes de North Tonawanda, New York fue el inventor del gusano (catterpilar) que debutó en Coney Island para 1925

Nuca fue nuestra preocupación el origen de estas machinas pero, en verdad, la disfrutamos bastante juntamente con nuestros amigos.

Los machineros

Los machineros tatuados, nos daban la impresión que eran personas que venían de barriadas y caseríos y de escasos recursos que iban de pueblo en pueblo montando machinas para ganarse el sustento. Algunos de ellos, recurrían a este tipo de trabajo porque su estadía tras las rejas no le permitía desempeñar otro. La sociedad nunca los perdonó aunque cumplieron con la justicia. Dormían debajo de las machinas y otros en los vagones. Las fiestas le daban la oportunidad para comer y llevar a cabo otras actividades. Los machineros pertenecían a las clases marginadas y siempre estuvieron detrás del telón pero sin la pericia del ensamblaje de ellos no hubiésemos tenido fiestas patronales. Estamos en deuda de reconocerlos.

Las picas de caballos

Sin las picas de caballitos no hay fiestas patronales. Es parte integrante de todo el componente de las fiestas. Las picas llegaron a Puerto Rico desde California para las primeras décadas del siglo XX. Pero en el 1952 su uso en los Estados Unidos se hace ilegal sin embargo se trajeron las picas de caballitos desde Chicago que tuvieron que ser modificadas por la mano de los artesanos puertorriqueños para hacerle frente a tal prohibición. Luego, las picas fueron reguladas localmente y según la Ley de Juegos de Azar de Puerto Rico (sección 80 y 81), las picas pueden “utilizarse únicamente en las fiestas patronales y por un término de no más de diez días”. Será por esto que las fiestas duran solamente 10 días, por lo menos en El Pepino

El hipódromo de los caballitos no ha estado muy lejos de la tradición ecuestre de los puertorriqueños. Puerto Rico siempre les ha apostado a los caballos. Creo que una vez un pepiniano se pegó con los caballos del hipódromo pero nunca recibió el premio. El hipódromo de los caballitos es la pica preferida por los asistentes a las fiestas. Este juego de azar se ha colocado, a lo largo de años, en el centro de las fiestas patronales en Puerto Rico. No hay una pica vacía. Hay un imán en ellas. En mi caso, cuando regresaba del Colegio de Mayagüez le apostaba $20 al caballo número 24.

El hipódromo mecánico comenzaba a dar vueltas con el impulso de la manivela. Los caballos están en carrera y corren por la pista circular imaginaria. Los apostadores presentes observan y se inquietan Después de unos minutos disminuyen su velocidad y unos van quedando rezagados mientras otros adelantan. Con suerte, ¿qué suerte?, el #24 se posicionaba y ganaba la carrera.

El inicio de las fiestas

Temprano en la mañana, antes de la salida del sol y del toque de las campanas de la iglesia, desfilaban por las principales calles del pueblo un grupo de músicos, pudiendo ser la banda municipal u otros músicos, despertando a la gente y avisando que ese día comenzaban las fiestas patronales. Era la acostumbrada diana. No una diana marcial que convoca a los soldados a levantarse y formarse sino una diana convocando al pueblo a la celebración, a las fiestas. Había que comenzar el día y las fiestas con un espíritu de celebración.

Mi recuerdo me lleva a la banda municipal dirigida por el profesor Toño Vega, me lleva a recordar a mi fenecido amigo Pluto con su saxofón y a mi desaparecido amigo Puyú González, con su trompeta, quien murió trágicamente en un accidente automovilístico. Recuerdo también al astro Méndez en la percusión. El pueblo se levantaba, el escenario estaba preparado. Muy temprano veíamos a algunos pepinianos ausentes sentados en la plaza.

Fiestas Patronales o fiestas populares

El origen de las fiestas es estrictamente religioso. Costumbre de la religión católica que se inicia en Puerto Rico desde los día del llamado descubrimiento, en el 1493. De San Juan a San Germán, de San Germán a Aguada y de allí a Las Vegas del Pepino. Son varios días de veneración ofrecidos al patrón traído de España por los inmigrantes, patrón bajo cuya advocación y méritos estaría el pueblo pepiniano. Estas fiestas datan desde el inicio de 1700 cuando éramos un conjunto de barrios hateros de la Villa de San Francisco de Aguada. . La población de fieles católicos era apreciable. La religión católica era la religión del estado y del pueblo. Incluso, hasta la imagen de San Sebastián estaba en la alcaldía. El gobierno municipal apoyaba y patrocinaba esta celebración.

Pero las generaciones se secularizan y el espíritu religioso queda rezagado en la generación previa. La bacanalidad mundanal hace rato secuestró las fiestas. Ya no es la celebración o festividad de un mártir, de un paradigma a seguir. Son fiestas populares, del pueblo secular, del pueblo mundano. Son fiestas en honor al dios Baco, a la diosa-novilla, a San Expedito, al dios-azar, al dios de la “bachata”.

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Eliut González

Etnohistoriador y escritor pepiniano. Su literatura mayormente trata de El Pepino y su quehacer. Ha hecho estudios en Teología, Estudios Sociales, Educación, Medicina e Historia de Puerto Rico, el Caribe e Iberoamericana. Es el autor de La Etnia Cultura Pepiniana, La Fundación de las Vegas del Pepino y de El Grito de Indignación (Las Partidas Sediciosas). Ha fundado y sostenido el Seminario Teológico Panamericano. Ha escrito libros en el campo de la Teología y de los Estudios Bíblicos. Algunos temas son El Eterno Propósito de Dios y la Doctrina de los Apóstoles. Ha hecho obra misionera y apostólica en Centro América y en las islas del Caribe. Ha enseñado en la escuela pública y privada, en universidades y en escuelas de Teología. Está retirado parcialmente pero sigue activo son sus investigaciones y sus prédicas.

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