Camino de eternidad

Categorías: Pueblo y Gente.

La segunda sección del libro y cuyo nombre cambié de «Sección B: Poemas de Política y Sociedad» a simplemente «Sociedad y Pertenencia» incluye muchos de los poemas más logrados y profundos de HSV: Triste espera, por ejemplo, fue incluído en una antología internacional preparada por la Universidad de Colorado, en 1987

2. SOCIEDAD Y PERTENENCIA: Vimos en la primera sección algo de la niñez de Soto Vera. En esta sección, utilizando los poemas propios para este contenido, se observará cómo se construye y se madura su hablante y cómo valora la sociedad en que le toca vivir. Su sociedad inmediata es San Sebastián, una sociedad que ha visto transformarse, del nicho ecológico de belleza que fue a ríos secos, entre bosques convertidos en «cementerios de cemento»; (sic.) su vieja Plaza, que fue antes «Ateneo de tus poetas», (sic.) son ya, con sus bancas, las «camas de deambulantes y tecatos» (sic.)

Parte de su responsabilidad social es condenar la «Etica tecnológica» que lleva a cada pueblo en Puerto Rico y en el mundo occidental hacia una «tecnología materialista deshumanizante» y la pérdida «del balance entre lo material y lo espiritual». [op. cit.].

Como poeta social, que no es el aspecto más interesante de su poesía, tuvo que transitarse dialécticamente como un examinador y opinante de su pertenencia a un mundo concreto. Ese mundanidad, en existencialidad, en ser-ahí, es Puerto Rico, a cuyos compatriotas advierte que siendo la isla, como la casa grande de todos, tenemos que mantenerla «bonita y limpia», como si fuese el hogar. Con artículos colaborados para ‘El Nuevo Día’, diario puertorriqueño, se transforma en defensor ecológico, quien da alerta sobre el impacto que en la salud tiene la «dejadez, dejar para mañana», por «la enfemedad del ocio», las tareas de limpieza que le debemos al presente de nuestro país.

«Mi país retrocede. Se opaca la alegría. El verdor de la flora se amarillea. El aire pesa con mil maldecidas pestes. La fatiga arruina a nuestros niños. Mueren los ríos, árboles y pájaros… ¿Qué estamos haciendo para que mi pueblo sea bonito, limpio y esté lleno de verdor?  […] Sembremos árboles y no echemos basura en nuestros ríos, en nuestras calles. Los árboles son nuestros hermanos y responden al estímulo como todo ser viviente».

El poeta social nació primero que el poeta ascético que es más distintivo y particularizador de su obra. Soto Vera no cree en educar para la competencia, el nihilismo y la producción a costa del dolor humano. Describe al Nueva York que conoció, tan lleno de emigrantes (boricuas, cubanos, dominicanos, etc.), todos con la imploración de un «canto de pan justo» (como dice en U.S.A.); pero, cuando Soto Vera reexamina la situación concreta de explotación y vida de esa muchedumbre, mar de nacionalidades, que vio en New York, lo mismo que puede verse en otras ciudades del mundo, penetradas por el globalismo, concluye que no saben lo que buscan ni lo que quieren. Muchos de esos inmigrantes quedan sonámbulos e hipnotizados, como describe en su poema en «La locura de un mundo loco».

El drama del emigrante, de la «ciudad fría de los rascacielos», con sus seres sonámbulos y su convocatoria abierta para los desempleados del mundo, vuelve a ser tocado en el texto Emigrante, sólo que ahora a la ecología urbana deshumanizada («¡Ah, ciudad sin calor, sin sol / y sin sonrisas!»), ciudad de humo y de «fábricas sin alma», se añaden otros dos aspectos que la hacen indeseada, la soledad del pobre que la vive entre «mustias paredes» y los valores transvalorados que instiga: el Dólar.

El sentimiento de compasión está más acentuado en esta sección. Los ladrones y mercaderes del Templo, ese leit-motif bíblico lo vemos rescatado en ¡Hasta cuándo!, para referir el hambre infantil: las caritas sucias y «ombligos abultados de lombrices». En un poema que dedicara a los niños de Villa Sin Miedo, además de compadecer a los pequeños, desarropados, víctimas del frío y la pobreza, entendemos que el niño es una alegoría recurrente en la poesía de Soto Vera. Ese niño puede ser el símbolo de un Puerto Rico que duerme, el diminuto pueblo que despierta, como Vieques, para que le hagan justicia y puedan los niños reir «con salud física y mental».

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Carlos Lopez Dzur

Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años. Caribeño, nprincano, con visión hostosiana y bolivariana, Ph .D. en Filosofía Contemporanea en la Universidad de California, Irvine. Cursó sus estudios de B.A. en Humanidades e Historia Latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; obtuvo dos M. A. 'Summa Cum Laude' en Montana State y San Diego State University. En sus estudios graduados en Filosofía Contemporánea, fue discípulo de los filósofos Dr. Alfred Stern y la Dra. Martha Nussbaum.

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