Camino de eternidad

Categorías: Pueblo y Gente.

En este poema sobre la autorresponsabilidad, al que extrapolamos el texto previamente examinado, vemos al carpintero que hace lo mismo con su martillo que lo el hombre, con cincel sin filo, puede ejecutar para luego, después del resultante mamarracho, culpar a otros:

Muchas veces / la vida nos da / duro en la boca /
y nos reprocha / las mil veces que agredimos /
y marchitamos las rosas. / Abrimos mil heridas /
a la gente, a este mundo / que nos rodea. Arboles,
pájaros y ríos / y cuando el dolor nos reclama, /
Gritamos: «¡Qué injusta es la vida!»
¡Mentiras! Yo soy el que martilla la vida
y luego culpo al dolor.

[«Yo soy el que martilla la vida», en CdE]

He aquí unas de las más poéticas y bellas definiciones de karma que he leído, en cierto modo, personificadas por las sugeridas acciones deficientes de un escultor y un carpintero, a los que ha falta una educación armoniosa para que realicen la tarea. Pedro Gelman nos refiere lo que sucede con estos sujetos, el artista, como el místico y el profeta, como un velamiento armonioso. La incapacidad de expresar en su trabajo cotidiano ese elemento expresivo que entiende lo kármico transforma a estos hablantes en seres transgresores, inmorales y peligrosos, o para decir, con dos calificativos del poeta, «tontos» y «canallas». A la gente, sin entendimiento, o que hace mal uso de las herramientas cognoscitivas que están a su disposición, se les puede llamar así y se les puede comparar con El Camello y el León.

Un cincel sin filo, o instrumento inadecuado, se alude en «Maldito aquel»: la guerra. Decidir si una guerra procede o si la rebelión llevará a una paz o un progreso, es tomar un cincel, ¿pero con filo? Federico Nietzsche escribió: «La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido». Los leones suelen hacer la guerra. Léase el hombre-león, como rey y poderoso, quien termina haciéndose objeto de los rencores ajenos.

Cincel sin filo: el escapismo por las drogas, la pérdida de la lealtad a lo realidad, tópicos que se repiten en «La locura de un mundo loco» y en «Las drogas». Cincel sin filo que también aluden al escapismo y la enajenación: el miedo del colonizado y la pérdida de fe en sí mismo, que son el contenido de Anestesia. Cuando «el sueño de ser libre / ha quedado en el olvido», es porque el león-hombre ya no es tan listo como cree, ya necesita del «apego del amo». El león se volvió tonto y requiere de su nuevo maestro. O una nueva madurez.

¿Quién puede ser el Nuevo Maestro? Para contestar tal pregunta en la vigencia de un parto amargo de conflictividad que precede a la Nueva Era del Acuario, Héctor Soto Vera nos recuerda las metáforas de Federico Nietzsche en Así hablaba Zaratustra con las que éste ilustrará los Tres momentos de transformación del espíritu humano.

La metáfora del Niño es la que HSV cree más útil para entender los momentos kármicos que poetiza, pero, obviamente, el León tonto y el Camello, sufridor y sumiso, está encodificados en los poemas sotoverianos.

NOTAS:

[1] «Héctor Soto Vera», en: Siglo XX1 (Revista de San Sebastián, Puerto Rico), Año 4, Núm. 53, Agosto 2006; biografía en: R. Arcelay Medina, Diccionario biográfico pepiniano (Impreso en Aguada, Puerto Rico: 2000), p. 58; biografía y textos en: R. Vargas Pérez, -Antología de Poetas de San Sebastián (Pepinianos), publicada en 1977.

[2] Iván Silén, Nietzsche: «O el sentido del resentimiento», en: http://www.alter-arte.com/ivansilén

[3] Pedro Gelman, Tres ensayos filosóficos: Lo fascinante, lo Inefable y lo Superfluo, en:__

[4] David Pond, Senderos de luz (Llewellyn Español: Minnessota, 2004), p. 67

[5] Héctor Soto Vera, al citar del libro «Conócete a tí mismo» a Joaquín Trincado en: «Regeneración por el trabajo y amor: la cárcel no corrige»

[7]  En el texto sotoveriano, «La vida #3», como epígrafe dedicatorio, Soto Vera menciona y comenta sobre tres mentores suyos que, tras leerles, «me enseñaron que la vida es etena y continuada» (loc. cit.). Son ellos: Lucrecio Caro, Lorenzo Lavossier y Joaquín Trincado. No, viéndoles ya con la categoría de maestros, pero reconociéndoles prodigiosos dones del Decir poético (que no es sólo su artesanía verbal), la lista de Héctor Soto Vera como lector sería larga: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Octavio Paz, Amado Nervo, Juan Avilés Medina y, entre las mejores poetas de América Latina, coloca a Delmira Agostini, Alfonsina Storni, Clara Lair y Julia de Burgos, «y otras que vivieron bajo un manto de angustia», dice en el Prólogo de su borrador. No obstante, por cartas personales, he conocido la admiración, de más de 40 años, que Héctor Soto Vera tiene por Salvador López González, de quien el Dr. Carmelo Rodríguez Torres, en la
revista Atenea (del centro universitario CAAM, hoy campus de la Universidad de Puerto Rico, Mayagüez), escribió: «… entre los poetas de la presente generación hay uno: Salvador López González que ha pasado el más hermoso de los caminos, el del silenco. Tal vez porque ha hecho una vida de retiro voluntario en el apartado barrio de Corrales, en Aguadilla, o porque no ha pedido providencias ni publicaciones ni falsas regalías en páginas de periódicos y revistas… Cuando se haga un estudio serio de su obra y se indiquen sus valores poéticos, saldrán muchos a ofrecerle lo que él hace tiempo se merece, justicia»: [Revista Atenea, Marzo-Junio, 1972].

[8] Los conceptos de hombre lúdico y hombre simbólico que aplicaré al análisis de los poemas de Soto Vera provienen de los análisis de Susana Weingast [Jugando nos expresamos, ensayo], los filósofos Graciela Scheines, Gilbert Boss, autor de «Juego y filosofía», y la profesora de Siquiatra en la Escuela de Medicina de la Universidad de California Leonore Terr, quienes coinciden en atacar las doctrinas del «homo ludens» de Johan Huizinga y. Umberto Eco, «Apocalíticos e integrados» (Barcelona: Fabula Tusquets Editores, 5ta. Ed.,) 2003 ps. 75

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Carlos Lopez Dzur

Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años. Caribeño, nprincano, con visión hostosiana y bolivariana, Ph .D. en Filosofía Contemporanea en la Universidad de California, Irvine. Cursó sus estudios de B.A. en Humanidades e Historia Latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; obtuvo dos M. A. 'Summa Cum Laude' en Montana State y San Diego State University. En sus estudios graduados en Filosofía Contemporánea, fue discípulo de los filósofos Dr. Alfred Stern y la Dra. Martha Nussbaum.

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