La Novilla de las Fiestas Patronales
Vivir es ir juntando momentos sensitivos donde el sueño mas tenue tiene aspecto real. Quien recuerda construye con puntos suspensivos Quien olvida destruye con un punto final. Juan Avilés Medina
De niño solía sentarme en el balcón del apartamento de mi dulce abuelita Doña Titi, localizado en el Caserío Pepino –Residencial Público Andrés Méndez Liciaga a contemplar fascinadamente, durante la noche, la hermosa constelación de estrellas que adornaba nuestro cielo. Por el día en aquel cuadrito de cemento y tubos fantaseaba con gusto y sin cesar sobre todo lo que pasaba a mi alrededor. Para aquel entonces, y por mi condición de niño, todo me parecía mucho más grande que ahora y mostraba un entusiasta interés por cada cosa, personaje que se paseaba ligeramente por el escenario de mi inocencia.
Don Esteban Orté “El Piraguero” me parecía una persona extremadamente importante; tanto corno Don Ignacio “Nacho” Malavé –Q.E.P.D, aquel extraordinario lanzador de Softball que pasaba horas y horas montado sobre una enorme máquina de metal cortando el césped, del residencial. Igualmente importante me parecía Don Hilario, “E Pastelillero”. que vendía las donas y pastelillos más sabrosos del universo y ni se diga de Don Juan, el viejito que vendía los mantecados de coco y vainilla en aquel mágico carrito de metal color blanco.
Ese espejo fantástico y glamoroso que convierte las pequeñas cosas en grandes y que provoca la marcada importancia que le dan los niños a las mismas, es lo que con frecuencia llamo el Dulce Candor de la Inocencia.
Desde el 1977 hasta el día de hoy ese entusiasta grupo de Damas que forman el Club Altrusa capítulo de San Sebastián, coordina y organiza una actividad que me hace recordar algunas de aquellas inolvidables escenas que engalanaban mi niñez. La actividad conocida como El Festival de la Novilla de las Fiestas Patronales es un homenaje a una vieja tradición que se remonta a principios de siglo en los inicios de las también tradicionales fiestas patronales de nuestro pueblo.
El Festival consiste principalmente de un desfile, muy pintoresco, de personajes típicos de nuestro pueblo, de estampas de nuestra vida cotidiana de hoy y de antaño y no podía faltar por supuesto la elegantemente ataviada novilla.
Encabeza el desfile el personaje de Don Pepe; quien elegantemente vestido con traje y sombrero negro de copa larga y montado a caballo, anuncia la apertura del desfile y de las fiestas leyendo en alta voz un bando –Proclama– antiguo.
Luego sigue en el desfile la Titina, muñeca de casi diez pies de altura, elegantemente vestida, con exagerados adornos, que representa a nuestra jíbara puertorriqueña. Existen confidencias de que ese personaje existió verdaderamente a principios de siglo en nuestro pueblo. Era una alta mujer de facciones grotescas, maquillaje exagerado y vestuario llamativo que ataviaba con su presencia todas las fiestas de la municipalidad.
Detrás de la Titina desfilan un grupo de niños con su piel pintada de negro, vestidos de amarillo y rojo –colorao– cantando alegres estribillos de bomba y plena, que hacen homenaje a otra antigua tradición puertorriqueña.
Aparece entonces en el desfile La Novilla, vestida y adornada con elegantes accesorios, desde pantallas hasta collares de brillantes colores, resalta en grande la curiosidad de los presentes y es preámbulo a lo que a mi personalmente más me atrae el Festival; el desfile de las estampas del ayer y de hoy.
Es aquí donde se pone alas el ave de nuestros recuerdos, toma vuelo sin rumbo y comenzamos a sentir el Dulce Candor de la Inocencia. Es entonces cuando nos vemos sentados en el restaurante de Toño el de la jalda saboreando uno de sus suculentos rellenos. Es cuando sentimos que dejamos de regatear con Otilio el Zapatero el precio de su trabajo y nos sentamos tranquilamente a escuchar una de sus magistrales interpretaciones musicales.
Es cuando vamos al desaparecido teatro Gloria y en los momentos en que la imagen se distorsiona escuchamos a los títeres del pueblo gritar a viva voz ¡Cuadra Quiterio!, frase que aunque usted no lo crea se ha hecho internacional. Es sentarse a ver pasar en su carrito de madera a Jobo, el mejor panadero del mundo, ver a Evaristo Martínez, el alguacil del pueblo, ponerse de pie y decirnos con su sola y respetable presencia de más de seis pies de estatura que estamos en la Corte; o presenciar en carne propia el tradicional cuento de aquel personaje que apodaban “Huevo Culeco” y que le preguntó al juez cuanto era la multa por darle una bofetada, la que efectivamente le pegó tan pronto obtuvo la respuesta. Es volver a sentir que una parte de un hermoso pasado aún no se ha ido; que sigue latente en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.
Como homenaje a ese inolvidable y hermoso recuerdo y al Festival del la Novilla de las Fiestas Patronales, hoy te invito a que te apoderes de tu cuadrito de cemento preferido, te cubras por un momento con el manto del Dulce Candor de la Inocencia y comiences a construir con puntos suspensivos.





