El café en San Sebastián
La fundación de San Sebastián coincide con el fomento de la siembra del café a nivel insular. En 1755, tres años después de la fundación de San Sebastián, el gobernador de Puerto Rico, que había residido en Cuba y estaba familiarizado con el producto, se dio a la tarea de repartir semillas entre los agricultores y propulso la eliminación de los hatos, esto es, de los extensos terrenos dedicados a la ganadería, Siendo la ganadería la principal actividad económica, los agricultores estaban siempre a expensas de que el ganado le dañara sus cultivos,
Los esfuerzos para promover cl cultivo del café tuvieron mayor éxito en los pueblos costeros, especial mente cerca de los puertos mas importantes, San Juan, Ponce y Mayagüez. Durante este período la mayor parte del café era cultivado por campesinos. Hasta 1787 0 1788 el café que se exportaba se vendía en cascara (conocido como café collar, de inferior calidad) por no contarse con fa maquinaria y los establecimientos necesarios para su elaboración.
Los habitantes de San Sebastián, parte de los cuales había llegado de la costa, adoptaron también el cultivo del café. Las primeras noticias que tenemos del desarrollo económico de San Sebastián son la década del 1760 y 1770. Aparte de los productos exclusivamente de subsistencia y para el consumo, se producía para comerciar, en ínfimas cantidades, el arroz, el algodón y el café. La única cifra de producción que se tiene de San Sebastián en el siglo 18 es dcl 1770. Ese año San Sebastián produjo 25 quintales de café. Por los próximos 42 años no se conoce cómo fluctuó la producción de café, aunque se sabe que fue muy pequeña.
El mayor obstáculo para aumentar los cultivos comerciales era la falta de trabajadores. Para esta época muchos de los pobladores de la montaña se habían asentado en ella precisamente buscando tierras y para escapar de la obligación de trabajar para otros en la costa. En 1775 había 150 estancias, (pequeñas fincas dedicadas a la agricultura), cantidad equivalente al número de vecinos o cabezas de hogares. La única alternativa para expandir la agricultura mas allá de donde permitían los recursos familiares era la adquisición de mano de obra esclava. Desde 1765 el gobierno de Puerto Rico facilitó la entrada de esclavos. Diez años más tarde los propietarios de San Sebastián tenían 36 esclavos.
Otro de los obstáculos que limitaban el desarrollo de la agricultura comercial era la distancia de los puertos, acrecentada por los pésimos caminos. Gracias a la paralización de la construcción de la iglesia en 1772 tenemos una descripción de los caminos. En la década del 70 los vecinos estaban empeñados en construir una iglesia de piedra. Como los recursos eran tan escasos el sacerdote apelo a la corona para una limosna. Para certificar la autenticidad de las necesidades del pueblo, la corona le pidió al obispo de Puerto Rico que hiciera una investigación. Este delegó en el sacerdote de Moca la tarea. Una vez en San Sebastián, el sacerdote visitante le toma declaraciones a las personas de mayor jerarquía. Interrogado cl capitán de las milicias (especie de reserva militar, compuesta por todos los varones entre 15 y 60 años), Cristóbal González, que era natural de Aguada (cabecera de distrito en esos momentos) declara que por “hallarse (el pueblo) tan remoto del tráfico, y tan tierra adentro, que aunque labren y siembren, no tienen expedido (ventas) de sus labranzas y frutos”. En su resumen el obispo escribió “ … los caminos son peligrosos por lo que se les imposibilita la salida de sus frutos y están sin comercio alguno; causa de su mayor pobreza”.
Las observaciones que hicieron dos distinguidos visitantes que recorrieron la isla pueblo por pueblo -el obispo Iñigo Abad y Lasierra en 1778 y el científico francés Andrés Pierre Ledni en 1779- confirmaron las apreciaciones vertidas anteriormente. La principal actividad era la ganadería. Abad escribió: “ … los habitantes … , aprovechándose de los bosques, cuidan más de criar cerdos y vacas en los hatos y estancias que de cultivar tierras”. Por su parte, Ledni escribió: “(hay) cerca de 1,243 habitantes dedicados a su mayor pane al cultivo de frutos menores y a la crianza de gran cantidad de ganado”.
En las décadas de 1790 y 1800 la actividad económica de San Sebastián tomó un giro definitivamente a favor de la agricultura. Para 1812 la caña había superado la ganadería como principal actividad económica. Pero en poco tiempo el café habría de reemplazar la caña y no perdería la supremacía ante ningún otro producto a lo largo de todo el siglo 19.
En las décadas de 1810 y 1820 la acompasada vida de San Sebastián fue sacudida por nuevos e intrépidos vecinos. Inmigrantes franceses y españoles se asentaron . en sus montañas iniciando una avasalladora actividad agrícola, sin precedentes por esos lares. Las cifras de producción rendidas por las autoridades municipales al gobierno central pueden parecer confusas, pero denotan una trayectoria inequívoca: un aumento extraordinario en el cultivo del café.
Los precios del café y el azúcar subieron repentinamente en el mercado internacional después del colapso de la producción haitiana, el mayor productor del Caribe, a fines del siglo 18. Los acontecimientos políticos en Haití -la abolición de la esclavitud en 1795 y su independencia de Francia en 1804 – ademas de estimular la producción del café en Puerto Rico trajo una ola de refugiados franceses que se establecieron, sobre todo, en el área oeste.
A favor de los inmigrantes, España aprobó medidas especiales en 1815. En Vías de perder sus colonias en América, y ávida de promover un crecimiento económico en Puerto Rico que se tradujera en estabilidad e ingresos al erario publico, España concedió una serie de reformas y privilegios (Cedula de Gracias) que beneficiaba al comercio y fomentaba la entrada de inmigrantes, facilitándoles ayuda económica y tierras. Con importantes vínculos financieros y con destrezas y capital que superaban a los criollos, los inmigrantes establecieron haciendas, abrieron tiendas, y se convirtieron en prestamistas y en administradores del gobierno municipal.
No les tomó mucho tiempo a unos pocos inmigrantes franceses encontrar el camino a San Sebastián, donde las tierras eran abundantes, baratas y propicias al cultivo del café. Entre ellos sobresalió la familia Alers. Juan Francisco Alers, su esposa Ana Leoticia Despessville y sus cuatro hijos llegaron a Añasco con nueve esclavos en la década de 1810. El capital que en poco tiempo acumulo esta familia fue la base económica de importantes empresas de la región oeste. La principal hacienda en San Sebastián hasta entrada la década del 1870 perteneció a su hijo Alejandro Alers; la red comercial de los Sagardía-Laurnaga de San Sebastián-Añasco se fundó sobre el capital de Margarita Alers, casada con el primer Sagardía que se estableció en Añasco.
A principios de la década del 20, otra ola de inmigrantes españoles que huía de la persecución política desencadenada con la independencia de Santo Domingo y Venezuela se sintió en San Sebastián. Algunos trajeron esclavos o algún capital, otros mayordomos o dependientes de comercio. Las circunstancias bajo las cuales iniciaron sus empresas no podían ser más halagadoras; por lo general, obtuvieron terrenos baldíos del gobierno y financiamiento de los comerciantes de Aguadilla y Mayagüez. Los altos precios del café garantizaron los pagos anuales de los prestamos, En la visita que hizo el gobernador Miguel de la Torre a San Sebastián en 1824 cuando recorrió la isla, su secretario Pedro Tomas de Cordova observa: “ … se aumenta la agricultura prodigiosamente, en particular desde la emigración de Venezuela, por haberse establecido en este pueblo muchas familias de aquel pais y fomentado muy buenas siembras de café y algodón.”
Entre los recién llegados se destací la familia Echeandía. Juan Bautista Echeandía, su esposa Isabel Mendoza y sus cinco hijos salieron precipitadamente de Venezuela dejando vastas posesiones dedicadas a la producción de añil, algodón y café. En 1823 llegaron a San Sebastián donde arrendaron 240 cuerdas. La ultima cláusula del contrato de arrendamiento establecía que la mitad de los cultivos de café y plátanos en que la finca fuera mejorada serían abonados a la cuenta. Al cumplirse los cuatro años del contrato las mejoras habían sido de tal magnitud que el dueño de la propiedad quedó como deudor de los Echeandía, Los niveles de producción desarrollados por los inmigrantes sencillamente rompían todos los parámetros locales. En esa finca, como en otras que compraron al mismo tiempo para un total de 440 cuerdas, los Echeandía sembraron 70 cuerdas de café, 20 cuerdas de arroz y una cantidad no especificada de algodón. Adquirieron la maquinaria necesaria para elaborar cada uno de estos productos ‘una fuerza de trabajo esclava que pronto llegó a 36. Tanto la cantidad de cuerdas sembradas, como la maquinaria y fuerza de trabajo adquiridas contrastan enormemente con los recursos de los criollos. En la década del 30 el principal contribuyente criollo, (Florentino Serrano, natural de Añasco) tenia 55 cuerdas, cinco de ellas en caña, doce en café, y 9 esclavos. El éxito económico que obtuvieron los inmigrantes españoles habría de atraer un flujo ininterrumpido de familiares y conocidos a lo largo de todo el siglo 19.
A partir de 1823 el gobernador nombró consistentemente a personas de probadas ideas conservadoras como alcaldes. Los inmigrantes que recién habían escapado de conflictos políticos probaron ser los más leales súbditos de España. En San Sebastián, el nombramiento de José de Laxara, procedente de Santo Domingo, provoco protestas entre la población. Un grupo de vecinos se negó a aceptar la autoridad del nuevo alcalde y amenazo con actos de violencia. Con miras a enjuiciar los cabecillas de la rebelión, el gobierno emprendió una investigación, Se desconoce el desenlace del incidente.
La creciente actividad económica se reflejo en la construcción de casas y edificios publicos, y en las mejoras de calles y caminos. La visita del gobernador forzó la reapertura de los caminos que conducían a San Germán, Camuy, Añasco y Mayagüez, En los años siguientes proliferó la construcción de calzadas y puentes en los principales caminos – hacia Aguadilla, Añasco y Camuy- para eliminar los peligros que se presentaban en tiempo de lluvia.
El pequeño poblado fue totalmente re-diseñado. Las 25 cuerdas que se les asignaban a los municipios al momento de su fundacion fueron rescatadas de manos privadas en 1823. El precio asignado a estos solares había sido un obstáculo para” … los vecinos de este pueblo, que deseando ellos fabricar y hermosear la población no lo han podido verificar”. Ese mismo año, “en vista de que el pueblo se hallaba sin ningún arreglo en la formación de calles … “, el municipio nombró dos personas para señalar los sitios donde construirían las casas. Para realzar la apariencia urbana se “compusieron” tres calles, se allanó un cerro y se hizo un terraplén frente a la Casa del Rey (edificio donde se guardaban los pertrechos de la milicia y donde estaba ubicada la cárcel), Un grupo de vecinos se tomó la iniciativa de empedrar dos calles. Como parte de esta amplia renovación, no podía faltar la reconstrucción de los edificios de mayor relevancia en la vida del pueblo: la iglesia y la casa del ayuntamiento (alcaldía). En 1829 se construyó la segunda alcaldía y en 1835 se termino de construir la iglesia.
Para la misma fecha de la llegada de inmigrantes franceses y españoles (en mayor escala) estaban llegando grupos de familias de la costa huyendo del régimen de trabajo en las haciendas azucareras. San Sebastián experimento entre 1810 y 1820 el mayor crecimiento poblacional de todo el siglo 19. El movimiento poblacional desemboco en la separación de un gran trozo de territorio pepiniano para constituir el nuevo pueblo de Lares en 1826.
La autora, Helen Santiago es hija de pepinianos naturales del barrio Guacio. Vivió en Estados Unidos hasta los 8 años cuando regresó a San Sebastián donde realizó sus estudios de escuela elemental, intermedia y superior. En 1969 se mudó con su familia a la zona metropolitana donde reside en la actualidad. La señora Santiago realizó sus estudios en la Universidad de Puerto Rico donde obtuvo su bachillerato en Sociología y más tarde su grado de maestría especializada en historia. Su tesis para el grado de maestría titulada La élite cafetalera de San Sebastlan a fines del siglo XIX: su ascenso y decadencia, sigue la trayectoria de los principales comerciantes y terratenientes de San Sebastián en la década de oro del café en Puerto Rico (1890). Está en vías de completar la tesis de doctorado sobre la crisis cafetalera del cambio de siglo.
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