Méndez González Severiano
« …despedida, palabra triste y fatal adiós, adiós mi vida no me vayas a olvidar»
60 años en el quehacer musical y todavía Mendigo de una gran ilusión
Destellos de luz alumbran la oscura fosa de los inmortales. Dando fe a la grandeza de su obra, se hace honor a quien honor merece. Severiano Méndez, legítimo hijo pepiniano, plasma en el pentagrama de sus sueños las notas musicales, acumuladas en su alma desde muy temprana edad, cuando vertió lágrimas de dolor en una de sus primeras inspiraciones, ‹Despedida›; un adiós sin nombre a la novia hechicera donde colgó su primera quimera. Sin pagar el peaje de la guagua entregó en sus manos aquel «papel de escuela» en el que había depositado el dolor de la partida, la nostalgia de la despedida que envuelve al corazón.
Músico por herencia, Severiano «es el tiempo, mendigo de una gran ilusión», dicho en palabras de su propia inspiración. Haciendo alusión a otra de sus grandes inspiraciones dice: No, y mil veces no›, y como un secreto lo guardará, y aunque algún día sienta que la vida se le escapa lentamente, se dirá a sí mismo «Es el destino que no quiere detenerse». Severiano el mañana es un pasado, y hoy vives la Gloria del presente.
La música de Severiano Méndez ha vivido grandes momentos. Un lucero en el espacio, enamorado de la luna, sufrió la decepción de verse despreciado ante la caricia musical de una serenata de Severiano. Es la realidad de la vida. Un adiós, un amor imposible, tal vez una separación que cuelga de una lágrima pero que rueda en un despertar, aunque ese despertar sea otro mañana. Una y otra faceta artística, adornan la grandeza de su alma Compositor, canta-autor, maestro de ceremonias entre otras. Nos engalanamos sus amigos y compañeros en el arte musical, cuando se refleja la verdad de su música hecha ente humano, si aquellos compañeros que nos dieron su postrer adiós un día, ven desde el Cielo esta gran ocasión, llorarán de alegría, o entonarán notas de tu inspiración. Ha llegado la hora de correr el telón celestial, y hacer su aparición en el escenario de los grandes del ayer; el hombre que engendró la fibra musical, en la carne misma de Severiano, llamóse siempre ‹Geño› y como tal lo recordamos. Geño, músico padre, de músico hijo. Voz que perdura en las ondas etéreas del espacio pepiniano. Hoy allá en el cielo, con una lágrima en los ojos, y una sonrisa a flor de labios, ese cantor de ayer, y de siempre en el recuerdo, tu padre, hace llegar a mis labios en un mensaje imaginario; la más profunda frase paternal: «Dios te bendiga hijo mío, Dios te bendiga».
Por Dr. Rafael Seguí
Severiano Méndez González
Líder sindical, músico y compositor. Nació el 2 de febrero de 1927 en San Sebastian. Hijo de Eugenio Méndez Grafals y Justina González. Tuvo dos hermanas, Lydia y Olga; dos hermanos, Eugenio y Héctor –fallecido. Estudió sus grados primarios y secundarios en San Sebastián. Comenzó su Escuela Superior en Lares, termimándola en el Pepino. Reclutado por el ejército estadounidense, estuvo en el campo de batalla en Corea. Estudió tres años en la Universidad de Puerto Rico. Trabajó como guarda almacén en la Division de Comedores Escolares y como maestro de artes industriales. Fue secretario del Representante a la Camara José Luis «Pin» Méndez. En 1963 comenzó a trabajar en la Autoridad de Energía Eléctrica. Fue miembro de la UTIER, llegando a ocupar la Vicepresidencia y la Presidencia del Capítulo de Mayagüez de ese sindicato. En 1983 se jubiló de la A.E.E.
En su adolescencia comenzó su actividad musical con la familia Scharrón y con Benito Fred. Fue miembro del Trío Kumamá, Trío Los Naipes y de los Yaris junto a otros destacados músicos pepinianos: Arístides Arocho, Raúl Hernández, Jim Pérez, Dieguito Arocho, Oscar Plumey, Julio Sosa, Sophy Hernández, Mel Cardona, Joe García y el lareño Kiko Quiñonez. En 1954 fue cantante de la Orquesta Municipal dirigida por el maestro Feijoo.
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