Sosa Aníbal
“La Florencia de Puerto Rico lo es, sin lugar a dudas, San Sebastián del Pepino y es nuestro pueblo el que ha suplido los mejores artistas del pais”. Julio Enrique Sosa Rivera
Los pepinianos somos apasionados y vehementes y antes que la razón, es el corazón quien convoca nuestras vidas. Poseemos una imaginación desmedida y sobrevivimos en condiciones increíbles. Este es el caso del artista que ocupa nuestras paginas en Rocío Musical. Un gran artista por naturaleza y casta a quien rendimos un merecido homenaje, a manera de añoranza.
Luis Aníbal Sosa Rivera (Aníbal), hijo de Abdón Sosa Cajiga y María Rivera Rivera, nació el 15 de mayo de 1923 en el barrio Palmar de Aguadilla. Y por suerte para nosotros los pepinianos, llega a San Sebastián desde muy niño, donde transcurre la mayor parte de su vida.
Desde muy temprana edad se definió su inmenso amor por la música convirtiendo una pequeña guitarrita de lata en su mas preciado tesoro.
Así comienza sus estudios del violín con el profesor Caraballo. Llegó a dominar varios instrumentos como la guitarra, mandolina, cuatro, y otros con los que lidió en su vida artística.
Aníbal Sosa es músico por herencia ya que ambas familias, materna y paterna, han sido cantantes y músicos. Nuestro sensible artista se desarrollo principalmente en el genera rornantico y el bolero. Con respecto a su voz, su tesitura es la de tenor lírico y, ademas, cubre registros de barítono, con un gran oído musical o lo que se conoce como “perfect pitch”.
Siempre sintió predilección por las canciones de armonía complicada. En los comienzos artísticos de nuestro jilguero pepiniano, hacia dúos con Raúl Hernández (violinista), y a su vez, estos fueron acompañados por Luis Lin Alicea, Mario y Rafael Scharron, Carlos Torres, Benito Fred, Víctor E. Rodríguez (Pabolo), Justo Valle –padre–, Rodolfo Cruz –padre e hijo–, Severiano Méndez, Gin Pérez y otros excelentes cantantes y músicos de nuestro querido pueblo.
Las primeras clases de guitarra las recibió Anibal del celebre Estrellita, padre del Lic. Estrella. Aníbal toma la decisión de continuar con sus actividades artísticas y se traslada a la ciudad de Chicago, donde permanece por 17 años. En esta ciudad tiene la oportunidad de alternar en sus presentaciones artísticas con excelentes tríos mexicanos, agrupaciones boricuas y con músicos de renombre como Pepito Arvelo, Arsenio Rodriguez, Andino y una orquesta canadiense. Cuando ingresó a las filas del ejercito, llegó a cantar junto al compositor y cantante Tito Henríquez. De esta época se conservan algunas grabaciones. También canto por algunos años en el Canal 13 de Nueva Jersey.
Aníbal establece su residencia en Chicago, cuando comienza a trabajar con la Stewart Wagner, cornpañia en la cual permanece por largos años.
Contrae matrimonio en dos ocasiones y procreo tres hijos, el mayor de ellos Luis Sosa –El Toro–, quien heredó de su padre el talento para la música y la fotografía. Al momento de escribirse estas notas, Aníbal y su esposa, la señora Marina Serrano, residen en el vecino pueblo de Arecibo junto a su dos hijos Sandra y Sergio, quienes también están dotados de gran talento artistico.
Colaboró en los programas radiales de las emisoras WPRA de Mayagiiez y la WCMN de Arecibo, teniendo oportunidad de compartir con el trío Casino de Santurce que dirigía Cheito González y el trio Casino Tropical de Armando Vega.
Lamentablemente, nuestro gran artista yace postrado y aquejado en su salud. Pero su guitarra, su violín y sus recuerdos lo acompañan siempre y su talento y su voz se han añejado con el tiempo.
Como es bohemio indómito continúa compartiendo en la actualidad con músicos como Pepita Lacomba (compositor arecibeño), Raúl Balseiro, quien fuera integrante del trio Los Antares, el Trio Casino de Santurce y otros.
A ti, Aníbal, deseo expresarte el sentir de mi pueblo: Los pepinianos te decimos que te admiramos entrañablemente y te tendremos siempre presente, porque eres grande entre los grandes. Que tu vida se colme de salud y bendiciones. Gracias, Aníbal, por el prestigio que has dado a nuestro pueblo.
¡Que la luz del Arte los envuelva! A nombre de todos los que hemos disfrutado estas páginas, deseo expresar mi agradecimiento al Sr. Julio Sosa, por haber compartido con nosotros tan intimos recuerdos, de toda una vida, que desde hace tiempo debieron haber sido publicados.









